miércoles, 31 de agosto de 2016

Cierra bien la puerta

Tenía poco más de una semana laborando en la ciudad; llegó a su apartamento tarde en la noche como siempre, cansado de su arduo trabajo. Tomó un rápido baño y se acostó en la colchoneta que tenía colocada en el suelo. Le pareció un poco curioso el olor a perro en su cobija, pero la noche anterior había sido calurosa como pocas veces así que pensó que solo había sudado demasiado… Relajado y boca arriba, realizó su oración como todas las noches, se persignó al terminar justo cuando un fuerte dolor proveniente de su garganta y una cálida sensación bajando por su cuello le hicieron tratar de incorporarse. Abrió con sorpresa sus ojos y un par de ojos rojos como brasas le recibieron mientras  el enorme can masticaba con maldad pedazos de su carne. La excesiva cantidad de sangre comenzó a ahogarle y ya sin fuerzas expiró su último aliento justo cuando observaba hacia la puerta el desfile de la jauría que se disponía a degustar su carne.

jueves, 25 de agosto de 2016

8

Llevaba cuatro horas observando con la botella vacía junto a la carretera. La lluvia había empapado hasta sus tuétanos, pero no le importaba.

Seguía mirando hacia el vacío, sin prestar atención a los gritos de su vecino, 
seguía mirando hacia el vacío... sin entender como fue que esta desgracia sobrevino

Seguía con la mirada las líneas que dibujaban las gotas de lluvia al precipitarse contra el río. 
Líneas frágiles y directas, con reflejos rojos y azules. 
Líneas libres, incesantes, que bailaban con el viento.

Se aferró con furia a los oxidados fierros, 
sosteniendo junto con su cuerpo también su alma. 
Se aferró fuerte, con todas sus fuerzas, y comenzó a perder la calma.

Lágrimas brotaron de sus ojos, 
mas provenían de su dolido corazón, 
lágrimas brotaron de sus ojos, 
y de vivir perdió la ilusión.

No escuchaba los lamentos, 
de su madre que le imploraba, 
solo escuchaba la voz de su esposa, 
que desde el fondo le llamaba.

Suspiró con fuerza, volteó llorando al cielo y se armó de coraje, 
y saltó con rabia hacia el vacío, hacia lo que sería su último viaje

extendió sus brazos mientras caía, buscando el último abrazo de su mujer
y se estrelló contra las rocas, esparciendo su cuerpo como un trozo de pastel.