lunes, 28 de marzo de 2016

Disfrutaré esto Lentamente

Eran casi las 12 y Robert volvía  a casa con su nueva conquista. Una de las mejores noches de su vida. Sin duda alguna, la suerte le había sonreído esta vez. Ella era alta, más alta que él; un cuerpo escultural, cabello castaño y una melodiosa voz. La conoció esa noche en el bar y fue amor a primera vista. Pasaron horas tomando y charlando, y mientras la noche avanzaba, la conversación fue subiendo de tono y habían decidido terminar de conocerse en su departamento.

Vivía en un barrio de clase media, y aunque tenía vecinos divididos por las paredes, había invertido en hacer de su morada un lugar a prueba de sonido. Nada entraba, nada salía, así podía divertirse hasta altas horas de la noche escuchando su música favorita, no tenía que escuchar las peleas de los demás, y lo más importante, nadie escuchaba los gemidos de sus trofeos.

Ciertamente se había pulido en eso, y no había cosa en el mundo que disfrutara más, que escuchar esos sonidos en la madrugada, pero los gemidos que más le gustaban eran los que hacían sus "obras de arte", como les gustaba llamarlas, justo antes de que la luz de sus ojos se apagase para siempre.

Sirvió una copa de vino para su pareja, y con una música suave y velas aromáticas, comenzaron a besarse apasionadamente. Él nunca había estado tan extasiado, y ella parecía disfrutarlo mucho. Muchos años de práctica y muchas jovencitas con falsas esperanzas le habían curtido en el arte de  la conquista; siempre se jactaba de eso. Un movimiento sutil de muñeca y el sostén había desaparecido, estaba en camino de hacer lo mismo con la parte inferior de su vestimenta, cuando comenzó a sentirse mareado. Instintivamente llevó sus manos a la cabeza justo antes de desplomarse sobre la alfombra de su alcoba.


Lentamente abrió sus ojos y se encontró amarrado a su camilla. La joven estaba frente a él muy pensativa, muy ansiosa, cosa que le preocupó bastante. Revisaba constantemente su móvil mientras los minutos pasaban. Finalmente se levantó del sofá y corrió a abrir la puerta. Y allí estaba ella… la reconoció al instante. La había conocido en el mismo bar, y abandonado en un lago cercano un par de años atrás. Era ella sin duda, aunque la recordaba con mucho mejor aspecto. Recordó cómo había recortado su piel en esa misma cama, cuanto había disfrutado escucharla llorar y suplicar misericordia. Había sido muy difícil de convencer para poder llevarla a su apartamento, y encima de todo, era virgen. Él había sido su primer y único hombre y eso le hizo mantenerla con vida durante casi una semana. Recordó la prisa con la que volvía del trabajo para poder disfrutarla nuevamente y como adoraba realizarle los cortes después de consumado el acto. Recordó como había hundido el cuchillo en su pecho la última vez, para posteriormente, dentro de una bolsa plástica, depositarla en el fondo del lago. Estaba seguro de no haber dejado ninguna evidencia y que efectivamente, la mujer estaba muerta cuando la perdió de vista entre el fango y el agua.

Ambas chicas cruzaron algunas palabras en voz baja, y la que debía ser la nueva víctima abandonó el departamento cerrando la puerta nuevamente y su antigua conquista colocó un pesado maletín en el suelo y comenzó a sacar una serie de cuchillos y herramientas que fue colocando sobre su mesa de noche.

Intentó hablarle, pero Vanessa (o al menos era el nombre que recordaba) no respondió.

Comenzaba a perder la calma conforme los instrumentos iban saliendo de uno en uno del viejo bolso e iban siendo depositados en la mesa. Una leve sonrisa se dibujó en el marcado rostro de la joven cuando el último de los cuchillos fue depositado en la mesa, mientras una enorme lágrima bajaba por su lastimada mejilla. Lo reconoció al instante. Fue el cuchillo que utilizó para dar el golpe de gracia, el mismo que quedó enterrado en el pecho de Vanessa cuan Excálibur en la piedra, coronando su hasta el momento, Opus Magnum. Solía dejar el arma homicida en el cuerpo de sus víctimas, como una burla a los investigadores, y pasaba horas imaginando el momento en que eran extraídas de los cuerpos de sus preciados trofeos y llevadas a realizar todo tipo de pruebas para nunca encontrar la más mínima pista.

Intentó dialogar nuevamente, pero su primera palabra se convirtió en un enorme alarido cuando la mitad de uno de los cuchillos había desaparecido dentro de su muslo izquierdo. Con todas sus fuerzas intentó nuevamente liberarse, pero debió gritar nuevamente cuando el resto del cuchillo desapareció tras un firme martillazo. El metal había traspasado completamente su pierna y la mantenía clavada a la base de la camilla. La pierna derecha no se mantuvo intacta por mucho tiempo. Un enorme cincel se abrió paso a través de su rodilla, moliendo los cartílagos a su paso y salpicando de sangre y fluidos todo a su alrededor.

Gritó con todas sus fuerzas, más no suplicó piedad. De alguna forma entendía que esa no iba a obtener misericordia y que era un merecido castigo por todo el dolor que había provocado.

Vanessa se levantó súbitamente y corrió hacia la cocina, trayendo consigo una enorme llave de cañería un par de minutos después. Balanceó el pesado objeto un par de veces cerca de la muñeca de Robert, como calculando para no fallar el golpe, pero era más pesada de lo que imaginó y el golpe no dio en el centro, por lo que solo molió la carne y no logró fracturar los huesos. Un segundo golpe fue necesario y se retorció de placer al escuchar el chasquido de la fragmentación de los huesos. Balanceó la llave nuevamente y mientras Robert profería el alarido de dolor por el segundo golpe en su mano, varios de sus dientes volaron y parte de su quijada quedó desprendida. El rostro de su victimaria había cambiado por completo y la duda que reflejaba al inicio de la tortura había desaparecido completamente.

"Disfrutaré esto lentamente" fueron las primeras palabras que escuchó de Vanessa antes de perder nuevamente el conocimiento, palabras que él usaba antes de comenzar sus obras de arte.

Despertó horas después y no podía mover sus labios. El sangrado había sido disminuido tal y como el lo había hecho incontables veces con sus trofeos. Su pierna ya no estaba clavada a la camilla, pero aún mantenía el cuchillo dentro de su carne. Un enorme escalofrío recorrió su cuerpo al caer en cuenta que ya no estaba en la posición en la que se había desmayado. Se encontraba ahora boca abajo y amarrado de tal forma que no podía moverse y su trasero ahora estaba expuesto.

Muchos instrumentos de diversas texturas y tamaños fueron utilizados por la joven para su venganza por los 5 días en los que tuvo que sufrir una y otra vez las violaciones del depravado. El filo de algunos de ellos aumentaron el dolor inconmensurablemente. Para cuando la noche del tercer día había caído, el cuerpo de Robert estaba desecho, y no quedaba nada de lo que alguna vez había sido. Toda su moral había sido removida junto con esa parte de la que alguna vez se pavoneó, y Vanessa se había cobrado cada una de las torturas a las que fue sometida.

Era casi la media noche del martes 31 de octubre del 2012 cuando Vanessa abandonó por fin aquel departamento. Dejando atrás los despojos de quién alguna vez le causó tanto daño. Llevando consigo en el bolso el trofeo que cortó con el mismo cuchillo con que fue asesinada. Afuera del apartamento la esperaba la bella joven que le abrió la puerta, y juntas desaparecieron en la espesura de la noche, bajo una nube de humo y un fuerte olor a azufre.

Algunas horas después la policía irrumpió en el lugar gracias a una llamada anónima y Robert fue trasladado muy delicado aunque con vida al hospital mas cercano. La recuperación fue lenta y dolorosa. Muchos meses pasaron para que pudiera caminar ayudado con un bastón, y para completar su larga rehabilitación, consiguió ser trasladado a un lugar de retiro muy lejos de la ciudad donde sufrió su castigo. Fue recibido amablemente por la directora de la institución, y se sentía aliviado, pues a pesar de las torturas, aún poseía un poco de encanto. Le guiaron hacia su nueva habitación donde lo esperaba su nueva enfermera, quien le asistiría hasta que lograra recuperarse completamente. Era hermosa y muy amable. Por fin la vida comenzaba nuevamente a sonreirle. Se volteó para que la enfermera le ayudase con el abrigo y esta le abrazó por detrás suavemente mientras le susurraba al oído "Disfrutaré esto lentamente".


miércoles, 9 de marzo de 2016

Irving Strong


No siempre las cosas son como se desean..No siempre las cosas son como parecen... Basta con abrir los ojos a nuestro entorno, para observar que cada instante alguna criatura perece...

Era una noche fría como pocas, el aire de la madrugada se colaba a través de las hendijas de las paredes de madera. La casa era nueva, pero aún no estaba terminada. Aún así, decidí mudarme para dejar de pagar alquiler y con lo que me iba a ahorrar podía irle agregando lo que faltaba.

Lentamente estiré la mano hacia la repisa donde había dejado el celular; y con solo un ojo abierto para poder leer mejor la pantalla, observé un poco turbado la hora... 3 con 5 nuevamente... esta era la tercera noche consecutiva en la que me despertaba a esa hora, era la tercera noche en la que sentía ese terrible frío, y aunque esta vez me había preparado mejor con dos cobijas, podía ver mi aliento con el reflejo de la pantalla del teléfono.

Decidí levantarme para ir a por agua, y fue ahí donde mi desesperación comenzó. Al principio pensé que era por el frío, pero unos segundos comprobé con horror que no podía moverme de la cintura hacia abajo. Algo me sostenía a la cama con fuerza y entre más luchaba por liberarme, mas fuerte era la presión que ejercía. encendí el flash de la cámara de mi celular pero no pude ver nada, aún así, sentía ese algo invisible sosteniendo mis piernas con fuerza. Intenté gritar pero no pude emitir sonido alguno. Sentí una mano pesada en mi pecho que me empujó de nuevo hacia la cama, golpeando fuertemente mi cabeza contra el respaldar. Intenté gritar nuevamente antes de perder el conocimiento.

Estaba todo oscuro y el frío ahora era más intenso. Abrí los ojos lentamente y traté de moverme, pero sentía mi cuerpo extraño. Me dí cuenta de que flotaba, y definitivamente ya no me encontraba en mi cuarto.

Una leve y helada corriente de aire chocaba contra mí de frente, y una luz muy tenue expedida por lo que parecían diminutos seres bioluminescences me indicaba que iba flotando a través de lo que parecía un túnel. Al cabo de unos minutos comencé a escuchar unos lamentos muy débiles, pero conforme iba avanzando aumentaba la intensidad de las voces. Pronto el ruido era ensordecedor y mientras la luz iba aumentando a medida que me acercaba al final del túnel, la temperatura del aire iba descendiendo. Llegado al final del túnel fui recibido por un ser extraño, pálido y extremadamente flaco, traía en su mano derecha cuatro largas cadenas, en cuyos extremos se encontraban cuatro seres igual o más desnutridos que él. Intenté escapar, pero seguía sin poder moverme, tan solo era un espectador y un gesto del tipo me indicó que de ese modo iba a continuar.

Continuamos flotando a través de lo que parecía un enorme lago subterráneo, Las criaturas que iluminaban las paredes de la caverna eran de un tamaño considerablemente mayor a las que ví en el túnel. La superficie del lago estaba congelada, y contenía miles de cuerpos atrapados y gritando por el dolor que le producían las quemaduras por el frío. Algunos de ellos estaban sumergidos hasta el cuello, mientras que otros hasta medio cuerpo. A muchos de ellos les faltaban algunas secciones de las extremidades, principalmente los dedos.Los minutos pasaban y seguíamos avanzando sobre el lago, al cabo de o que calculé una hora y media aproximadamente, mi guía me indicó que íbamos por la mitad del camino. La fuerza del viento aumentaba cada metro que avanzábamos, y durante este trayecto nunca dejé de observar cuerpos, al contrario, estaban más juntos unos de los otros, y los lamentos tampoco cesaban.

Pronto comencé a distinguir de donde provenía el viento. Había un ser enorme que batía sus alas con gran fuerza. Tenía también congelada la mitad del cuerpo, y aún así, su tamaño era descomunal y un recuerdo de las historias de Lovecraft vino a mi mente. Extrañamente, al contrario de los millones de desgraciados ahí atrapados, este ser no tenía forma humana. Todo el lugar se me hacía conocido, pero no sabía porqué. Descendimos lentamente hasta donde la criatura, la cual poseía tres deformes fauces y en cada una de ellas un cuerpo que no terminaba de masticar y se retorcía penosamente.

Mis ojos y los de la bestia se encontraron, y su mirada en lugar de transmitir miedo, daba lástima. Pude comprender por sus gestos que no deseaba devorar a ninguno de esos hombres, y que solo era parte de un castigo compartido y el debía hacerlo porque así estaba decretado.

Extendió hacia mí sus brazos lentamente, como solicitando ayuda, y con su dedo indice, señaló hacia el techo del enorme lago, casi alcanzando una  de las enormes estalactitas que colgaban del techo. Tan cerca y tan lejos...pensé.

Fui tomado del brazo por el escuálido guía y comenzamos a flotar en dirección ascendente. Esta vez avanzábamos de forma mas lenta, y noté que mi guía estaba realizando un gran esfuerzo por subir.

Observé detenidamente los enormes gusanos que emitían la luz y estos tenían rostro casi humano aunque deforme, con una larga boca llena de enormes dientes afilados. No podía verles los ojos, en su lugar tenían unas aberturas horizontales que constantemente supuraban un liquido oscuro.

Cuando pasamos junto a ellos, comenzaron a gritar, y pronto los lamentos de los condenados en aquel lago fueron apagados por los horripilantes chillidos de los millones de gusanos. Instintivamente me llevé las manos a los oídos para mitigar un poco el ruido, y fue entonces cuando comprendí que el sonido estaba en mi mente. De pronto, los gusanos comenzaron a reventar, expidiendo el olor más nauseabundo que en mi vida había experimentado, impregnando todo de un líquido viscoso y dejando la totalidad del lago a oscuras.

Un par de palabras en un dialecto extraño bastaron para que una pequeña bola incandescente apareciera e iluminara alrededor nuestro, noté que mi guía avanzaba velozmente y con mucha mas soltura que al principio. Pronto comenzamos a tomar velocidad y cuanto pensé que nos estrellaríamos contra el techo de la cueva, atravesamos la pared como si de una ilusión se tratase.

Llegamos a un enorme salón con luces flotantes de diversos colores. Poseía vitrales semejantes a los de las catedrales, con un gran jardín y variedad de árboles cuyos frutos había probado jamás. De las paredes emanaban pequeños flujos de agua, que junto al canto de unas extrañas aves color carmesí, relajaron mi espíritu casi de inmediato. El techo tenía una abertura por donde un árbol inmenso se había hecho paso y al pie de este árbol, se encontraba un gran libro, con una lanza perforándolo.

Observé a mi guía sentado en los restos de una columna y lo miré triste y pensativo. A estas alturas no había proferido palabra alguna, pero tampoco lo había necesitado. Me acerqué lentamente y con una voz triste y algo apagada comenzó a relatarme su historia: Dijo haberse llamado Urgolino, que fue condenado por traición y encerrado en una torre junto con sus tres hijos, sin agua ni comida hasta que murieran de hambre. Relató como uno a uno fueron muriendo y el, renunciando a morir, los fue devorando hasta morir el también producto de una infección por la descomposición de la carne. desde ese tiempo, había estado en esa cueva.

Le pregunté el motivo de nuestra visita a ese hermoso salón, pero volvió a callar. Volteé de nuevo al árbol y me acerqué para revisar el libro y la lanza que lo atravesaba. Las páginas estaban en blanco y se veían viejas y amarillentas, toqué la lanza para intentar removerla y poder seguir ojeando el libro, y al instante todo se silenció. No podía escuchar las aves, ni el sonido del agua, ni siquiera podía escuchar mi respiración. La solté y de nuevo todo cobró vida. Volví a tocarla y el silencio reinó de nuevo. Observé alrededor y noté que todo se veía borroso, y que aunque las cosas se movían, lo hacían muy lentamente, como si el tiempo se detuviera cuando posaba mi mano sobre el mango de la lanza. Tiré con fuerza de la lanza y escuché una voz fuerte que dijo "Hecho está". al instante, vi tres hombres en un madero, una ráfaga de viento comenzó a pasar las hojas del libro y el tiempo pareció avanzar muy rápidamente. Vi todas las guerras y disputas desde esa época, el dolor y el sufrimiento de la raza humana a través de los siglos y pude sentir todo ese dolor y agonía. Sentí una gran desesperación que crecía con cada segundo y presa del pánico deje caer la lanza y corrí en dirección de Urgolino, pero este ya no estaba. Las luces del salón se tornaron rojas al unísono, el agua que fluía de las paredes también, y un olor a muerte impregnó el salón mientras la bandada de aves huía por el agujero del techo. El árbol se marchitó rápidamente y las hojas del libro terminaron de pasar hasta llegar al final. Una sombra con forma de mano cerró el libro de golpe y se lo llevo consigo, el suelo comenzó a agrietarse y un aire frío comenzó a entrar. Comencé a escuchar los lamentos nuevamente y caí por el suelo hasta la cueva a la que había llegado al principio. Al lado de la enorme bestia estaba Urgolino picando el hielo frenéticamente con la lanza, intentando liberarla. Los gusanos luminosos se habían regenerado pero la luz que ahora emitían era rojiza. La bestia posó sus manos sobre el hielo, haciendo fuerza para escapar, en su desesperación golpeó a Urgolino, quien cayó a varios metros llevándose consigo varios miembros de los desgraciados que yacían congelados en la superficie del lago. Intentó incorporarse nuevamente y alcanzar la lanza, pero los condenados lo sujetaban y empujaban en dirección contraria la lanza, como si tratasen de evitar a toda costa que la enorme bestia se liberara. Los 4 esclavos encadenados vinieron en auxilio de mi antiguo guía, portando enormes hachas y rebanando todo a su paso. Traté de huir lo más rápido que pude, pero un dolor agudo me detuvo y caí estrepitosamente, mientras la mitad de mi pierna escapaba en dirección contraria. Al instante el insoportable frío ingresó por mi carne expuesta y la congeló inmediatamente. El dolor era intolerable y amenazaba con hacerme desmayar. Todo era caos, todo era confuso y borroso. Por fin lograron dar con la lanza y volvieron a su empresa inicial, después de un par de minutos de observar inmóvil, presa del frío y del pánico, la bestia fue liberada, y del agujero donde estaba comenzó a brotar fuego y azufre, derritiendo rápidamente el lago y calcinando los millones de cuerpos que ahí yacían.

Lo último que recuerdo fue ver a la bestia que volaba en mi dirección, mientras reía estrepitosamente, y una cabeza más brotaba de su deforme cuello.

Ahora todo es ruinas, todo el mundo que conocía fue consumido por las llamas. Millones murieron luego de que la bestia logró escapar de su prisión de hielo, y yo, solo puedo mirar los restos de lo que una vez fue la humanidad. Todos los días la bestia sale a aniquilar a los sobrevivientes, y todos los días nuevos cuerpos son regenerados para seguir siendo torturados. Mientras yo sigo atrapado en la cuarta cabeza siendo torturado, devorado una y otra vez mientras observo el sufrimiento de los demás,  desde la cuarta cabeza que tiene la leyenda, "Aquí yace Irvin Strong, traidor de la humanidad"·