jueves, 22 de diciembre de 2016

Sed

Es aún de noche, y aún adormilado, frotas tus ojos y te incorporas lentamente para ir en busca de líquido.

Te levantas con dificultad mientras carraspeas varias veces, pocas veces has estado tan sediento… Das el primer paso en busca del interruptor de la luz y tus pies descalzos se encuentran con un cálido y viscoso charco en el piso.

Comienzas a alarmarte y no sabes si continuar buscando  o volver a esconderte bajo las sábanas, pero la sed es muy grande. Avanzas a tientas por el cuarto en busca del interruptor y por fin logras desactivarlo. Suspiras con alivio al contemplar la escena y ver que todo ha quedado a como lo dejaste. Lo que pisaste no fue más que un leve derrame, pero aún continúa fresco y sin poder movilizarse. Con la hermosa oscuridad imperando en la habitación, das los últimos sorbos y sales con sigilo por la ventana; de camino te reprendes pues nuevamente te has quedado dormido con la luz encendida justo después de haber cenado, apuras el paso y tu rostro refleja una gran preocupación; ya que casi está amaneciendo y debes darte prisa o no llegarás a tu féretro a tiempo...

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Remordimiento

En esta vida he visto y hecho cosas horribles… pero nada te prepara para lo que presencié ese día…

Mi primer día de trabajo para un poderoso capo de la droga. Estaba comenzando pero había ganado terreno con rapidez gracias a sus brutales métodos. Comenzó a operar en la zona cercana a mi ciudad y en muy poco tiempo se hizo con el control total de los territorios. Algunas pandillas y grupos emergentes huyeron, otros se asociaron y otros pocos sencillamente fueron exterminados.

Me reclutaron en una mañana de noviembre. Un tipo me había chocado por detrás y bajó de su auto insultándome. Yo, muy tranquilo le traté de indicar que se calmara, pero fue inútil. El infeliz se abalanzó sobre mí con sus ojos desorbitados por la ira y terminé deformándole la cabeza contra la puerta de su auto mientras una multitud aterrada presenciaba la masacre con gran impotencia.

Pronto fui acorralado por la policía, y sabiendo que no tenía chance alguno de escapar con vida, decidí arrodillarme, colocar las manos detrás de la cabeza y colaborar con los agentes.

Estando en la celda llegó este individuo. No vestía un traje caro, o multitud de joyas; parecía un tipo común y corriente, pero en el rostro de todos los agentes se notaba un gesto de miedo o respeto. 

Caminó hacia mi celda con llave en mano, abrió la cerradura y me ordenó que lo acompañara. Miré estupefacto como ninguno de los ahí presentes hacía el mínimo esfuerzo para detenerme.

Dimos algunas vueltas por sus territorios mientras me hacía la propuesta laboral más cuantiosa de lo que jamás había imaginado. Se me proporcionaría una habitación, instalada con todos los instrumentos necesarios y una cámara de video. El trabajo era sencillo: debía torturar y mutilar a cada víctima que me fuera proporcionada, y una vez finalizada la labor, debía enviar el video a la dirección asignada, donde uno de sus familiares presenciaría con horror las consecuencias de oponerse  los deseos del capo.

Me costó creerlo al principio, pero pronto comprendí que más que una oferta de trabajo, era una imposición, ya que se me había contado demasiado y de rechazarla posiblemente terminaría siendo el protagonista de alguno de esos macabros metrajes. Me entregaron un celular mientras me indicaban que esperara las instrucciones en casa.

Muy temprano en la mañana fui convocado, mientras una angustia terrible literalmente aflojó mi estómago. Me dirigí diligentemente al lugar indicado, donde me esperaba una bandeja con multitud de implementos de tortura: cuchillos, pinzas, alicates, ácidos y sierras entre otros. El cuarto era mediano, de 3 metros de largo por 4 metros de ancho, con dos espejos grandes en las paredes laterales, climatizado y totalmente a prueba de sonido.  Al fondo, colgando de un gancho, se encontraba un individuo desnudo, muy golpeado y con el rostro cubierto por una bolsa de tela. La bolsa contenía una rejilla similar al burqa de los árabes; por donde la víctima podía  observar lo que sucedía alrededor sin que el verdugo pudiera distinguir su rostro. Según la explicación de mi jefe, cumplía tanto como medida de seguridad como de tortura: en caso de que conociera a la víctima o fuera alguien famoso mi labor no se vería entorpecida mientras que el pobre desgraciado no perdería ningún detalle de su horripilante muerte.

Para este primer trabajo sería supervisado directamente por mi empleador. Se posicionó en el cuarto de observación –que estaba situado detrás de uno de los espejos, como en los interrogatorios de las películas- mientras yo seguía ahí parado, con el pulso acelerado y a punto de hacerme en mis pantalones nuevamente. Pasaron unos cinco minutos y ya mi jefe se estaba impacientando. Me indicó por medio de un altavoz que si no iniciaba en los próximos segundos cambiaría de lugar con la víctima y el sí no tendría reparo en descuartizarme. Me quedé unos segundos en silencio, pero cuando escuché la silla moverse a través del autoparlante me invadió el pánico, tomé uno de los cuchillos y lo clavé repetidamente en el abdomen del sujeto. Destrozarle la cara a otro en medio de una pelea no era tan difícil, pero hacerle esto a alguien que no me había hecho nada y a quien ni siquiera le había visto el rostro, era algo totalmente diferente. 

Dejó escapar un grito ahogado. Definitivamente tenía algo en su boca que le impedía expresarse con claridad y solo balbuceaba algunas cosas.  Poco a poco fui tomando los demás instrumentos, realizando algunas incisiones por aquí y allá hasta acabar con un tronco sin manos ni piernas colgando del gancho y ya sin vida. Salí a fumarme un cigarro y cuando regresé a limpiar las herramientas encontré otro cuerpo colgando. Esta vez era una mujer de mediana edad que en cuanto me vio comenzó a retorcerse. Ya para esta hora me sentía agotado, y tampoco tenía muchas ganas de alargarle el sufrimiento a la pobre infeliz, por lo que tomé el machete más grande que tuve a mi alcance y comencé a partirle miembro por miembro con todas mis fuerzas. No pasaron ni 5 minutos y ya estaba muerta y las partes desperdigadas por todo el piso, junto con las del otro infeliz.

Después de eso no recuerdo mucho más que un fuerte golpe por detrás y las risas de burla del jefe. 

Llevo poco más de una semana en este cuarto amarrado a una silla, tengo que hacer mis necesidades sobre mí, pero la verdad ya nada me importa. No puedo mover mi cabeza para ningún lado y tampoco puedo cerrar los ojos. Todo el día soy obligado a ver una y otra vez como descuarticé a esas dos personas, como me noquean al terminar y como el capo aproxima la cámara y revela bajo las máscaras los rostros de mis padres. Suplico por una muerte rápida pero se niegan a concedérmela… ¿Cómo iba yo a saber que el tipo a quien le destrocé la cabeza contra el auto era el hijo de un narcotraficante?


miércoles, 31 de agosto de 2016

Cierra bien la puerta

Tenía poco más de una semana laborando en la ciudad; llegó a su apartamento tarde en la noche como siempre, cansado de su arduo trabajo. Tomó un rápido baño y se acostó en la colchoneta que tenía colocada en el suelo. Le pareció un poco curioso el olor a perro en su cobija, pero la noche anterior había sido calurosa como pocas veces así que pensó que solo había sudado demasiado… Relajado y boca arriba, realizó su oración como todas las noches, se persignó al terminar justo cuando un fuerte dolor proveniente de su garganta y una cálida sensación bajando por su cuello le hicieron tratar de incorporarse. Abrió con sorpresa sus ojos y un par de ojos rojos como brasas le recibieron mientras  el enorme can masticaba con maldad pedazos de su carne. La excesiva cantidad de sangre comenzó a ahogarle y ya sin fuerzas expiró su último aliento justo cuando observaba hacia la puerta el desfile de la jauría que se disponía a degustar su carne.

jueves, 25 de agosto de 2016

8

Llevaba cuatro horas observando con la botella vacía junto a la carretera. La lluvia había empapado hasta sus tuétanos, pero no le importaba.

Seguía mirando hacia el vacío, sin prestar atención a los gritos de su vecino, 
seguía mirando hacia el vacío... sin entender como fue que esta desgracia sobrevino

Seguía con la mirada las líneas que dibujaban las gotas de lluvia al precipitarse contra el río. 
Líneas frágiles y directas, con reflejos rojos y azules. 
Líneas libres, incesantes, que bailaban con el viento.

Se aferró con furia a los oxidados fierros, 
sosteniendo junto con su cuerpo también su alma. 
Se aferró fuerte, con todas sus fuerzas, y comenzó a perder la calma.

Lágrimas brotaron de sus ojos, 
mas provenían de su dolido corazón, 
lágrimas brotaron de sus ojos, 
y de vivir perdió la ilusión.

No escuchaba los lamentos, 
de su madre que le imploraba, 
solo escuchaba la voz de su esposa, 
que desde el fondo le llamaba.

Suspiró con fuerza, volteó llorando al cielo y se armó de coraje, 
y saltó con rabia hacia el vacío, hacia lo que sería su último viaje

extendió sus brazos mientras caía, buscando el último abrazo de su mujer
y se estrelló contra las rocas, esparciendo su cuerpo como un trozo de pastel.

miércoles, 15 de junio de 2016

Visita inesperada

El sol matutino comenzaba a calentar cuando Leticia cerró el portón de la escuela. Era un caluroso día de mayo y las chicharras comenzaban su incansable canto. El reloj marcaba las 7:05 a.m., y juntando a todos los niños formando una fila india, los condujo hacia su salón de clases.Era un día normal, un día tranquilo como cualquier otro. Acomodó a sus niños en media luna y les puso una película educativa mientras iba a su oficina a digitar una nota para los padres de familia. Todo iba bien, los pequeños se encontraban absortos en la pantalla y se escuchaban carcajadas de vez en cuando.

-¿Niña?- Escuchó una voz llamándole, volteó y no vio nada. -¿Niña?- escuchó nuevamente. Se levanto de su asiento y fue al aula por si alguno de sus niños le necesitaba, pero todos estaban muy entretenidos con la película. Los contó rápidamente. Estaban todos. Volvió a su asiento y continuó con lo que estaba haciendo. -¿Niña?- Escuchó por tercera vez. Volteó y de nuevo, no vio nada. De pronto, un inusual silencio alertó a la docente de que algo ocurría. Caminó de prisa hacia el salón y notó a todos los niños muy callados mirando fijamente hacia la ventana, y junto a ella, un niño que no había visto nunca: Era sumamente pálido, con el cabello negro, largo y andrajoso, que cubría casi toda su cara; una criatura muy descuidada y al parecer desnutrida. No se explicaba como había llegado ahí, pues todo estaba cerrado y la ventana junto a la que estaba de pie había permanecido sellada por años.

Comenzó a acercarse lentamente mientras los niños continuaban mirando fijamente sin apartar la mirada. -¿Cómo te llamas? No te había visto antes..- pero el niño no se movió un centímetro, mientras la inquieta maestra continuaba su camino hacia la pequeña criatura.
Estando a escasos dos metros, se agachó para estar a su altura, le dirigió una mirada tierna y le preguntó nuevamente por su nombre; pero nuevamente no obtuvo respuesta alguna. Se acercó un poco más y el niño levantó su rostro. Algo la hizo detenerse en ese instante, e instintivamente, comenzó a retroceder, extendiendo sus brazos, como intentando proteger a sus niños. Volteó un instante para ver como estaban y descubrió que todos se encontraban cerca de la puerta, apuñados cuan corderos, hizo una señal y lentamente todos fueron abandonando el salón. Volteó nuevamente y el niño seguía ahí, viéndola fijamente, Un ojo rojo, el otro negro y una expresión sumamente lúgubre que tornaban aún más pesado el ambiente del salón. Respiró profundamente, tomó en su mano la medalla de San Benito que colgaba de su cuello, trató nuevamente de hablarle y pudo ver su aliento al proferir la primera palabra. Notó entonces que la temperatura en la habitación había descendido súbitamente. Miró nuevamente al niño y su expresión había cambiado por una de extrema preocupación. El niño levantó su mano lentamente y señaló a la espalda de la docente. Leticia volteó y vio una enorme sombra detrás de ella. Presa del pánico, intentó incorporarse y salir huyendo, pero sus piernas estaban entumecidas por el frío, perdió el equilibrio y se golpeó la cabeza con una silla antes de perder el conocimiento.
Despertó en la clínica con su cabeza vendada, su esposo estaba dormido a su lado acompañándola. Sintió la temperatura descender nuevamente y un intenso dolor en su vientre; levantó la bata y tenía una cicatriz de quemadura con la forma de una pequeña mano. Dirigió su vista en dirección a la ahora empañada ventana y observó una palma dibujada sobre el frío, mientras unas inquietantes risas que venían de afuera se iban alejando.

viernes, 10 de junio de 2016

Solarum Summum

Todo comenzó hace casi tres años… Estábamos tan desesperados por volver esta inerte tierra a la vida, que nunca contemplamos los riesgos…

Si, como ya lo habrás imaginado, la civilización se acabó… y este no es una típica historia sobre cataclismos mundiales, guerras atómicas o apocalipsis zombies. El mundo si acabó, aunque no de la forma que todas las películas los presentaron, no fuimos atacados por zombies lentos y sedientos de cerebros o carne humana, lo más parecido  fueron simplemente grupos de seres humanos desesperados, sin comida, sin agua, sin familiares y sin moral; que buscaban hacerse por la fuerza con las provisiones restantes para al final, como todos los demás, dejarse morir de hambre o acabar con su desgracia con una descarga en la sien. Las aceras de lo que fue mi ciudad incluso aún exhiben restos desarmados de esqueletos humanos. Los muy pocos sobrevivientes que quedan, lo han hecho gracias a las provisiones que lograron acumular y a su extraña resistencia natural a las toxinas.

¿Cómo sucedió esto?

La población mundial había alcanzado niveles insostenibles; la comida cultivada no era suficiente para abastecer a la humanidad. Habían probado con grillos, gusanos y muchas otras variedades de insectos, pero no se multiplicaban con la rapidez necesaria y los gobiernos del orbe comenzaron a racionalizar los alimentos. La humanidad estaba al borde del colapso, cuando un grupo de científicos anunciaron mediante un enlace mundial, la disposición de una nueva semilla, una variedad de tubérculo que podía ser consumida a solo 10 días de haberla sembrado, la “Solarum Summum”.

Regiones desérticas de África y Asia fueron invadidas por miles de invernaderos, que utilizaban el agua del mar, pasándola por el proceso de desalinización, para sustentar los miles de cultivos de alimentos transgénicos. El nuevo cultivo necesitaba muy poca agua, y su crecimiento desmesurado prometía ser el maná caído del cielo, pero aproximadamente al cuarto mes de haber sido puesto en circulación, la población comenzó a enfermar y morir súbitamente.

Naturalmente los centros médicos y puestos de emergencia no daban abasto, y las maquinarias trabajaban incansablemente cavando fosas comunes para deshacerse lo más rápido posible de los miles de cadáveres. Antes si quiera que pudieran comenzar a investigar una cura, el 80% de la población mundial había desaparecido del planeta y el 20% restante luchaba por sobrevivir con las múltiples enfermedades producidas por los cuerpos en descomposición y las olas de violencia que azotaban entre los sobrevivientes. La opción más viable entonces, fue abandonar las grandes ciudades y trasladarse a las zonas rurales, donde había mucha menor cantidad de cuerpos y las posibilidades epidemiológicas eran considerablemente menores.

Surgió el problema entonces, que los pobladores de las pocas zonas rurales no estaban a gusto recibiendo tantos visitantes en tan poco tiempo. Ellos estaban mejor preparados que los citadinos para una catástrofe de este tipo. Muchos de ellos aún cultivaban su propia comida y tenían algunas reservas para emergencias; los citadinos por su parte, venían con hambre, desesperados y dispuestos a saquear los poblados para continuar su lucha por la sobrevivencia. Muchas batallas se presentaron, los caminos fueron infestados de objetos punzocortantes que impedían el paso a los vehículos y las montañas y campos circundantes se iban llenando cada vez más de cuerpos impactados por las balas provenientes de los puestos de vigilancia o amputados por las trampas y minas antipersonas dispersadas por los campos; y mientras las personas en todo el mundo se aniquilaban unas a otras por falta de provisiones, las plantas en los invernaderos seguían creciendo…

A los pocos meses del evento, las patatas infernales habían cubierto gran extensión del territorio mundial, alimentándose de los miles de millones de cuerpos y cubriendo todo a su paso con sus enormes enredaderas y repugnantes flores. Crecían demasiado rápido, y comenzó un nuevo evento para el que la humanidad tampoco estaba preparada: La especie mutó. De pronto dejaron de producir las extrañas patatas, y comenzaron a aumentar el tamaño de las flores, y estas, comenzaron a esparcir una suerte de esporas de color morado. Eran nubes muy densas de estas esporas, y viajaban grandes distancias llevadas por el viento. Estas esporas quemaban los tejidos que tocaban, animal o vegetal, eran una especie de arma biológica que destruía todo a su paso y lo único que parecía inmune, era la misma planta que lo producía. Todo ser vivo que quedaba atrapado en una de estas nubes moría irremediablemente, con serias laceraciones en su piel o corterza y órganos internos debido a la aspiración.

Luego de dos años, dejaron de nacer nuevos humanos. Los sobrevivientes que quedaban habían sufrido mutaciones en su mayoría: úlceras en la piel, tumores enormes en sus órganos y extremidades, y cada vez era más difícil encontrar algún sobreviviente completamente sano.

Comenzó a correr el rumor por las líneas de radio, que las personas completamente sanas estaban desapareciendo, algunos aseguraban haber visto cómo eran secuestrados en vehículos blindados por gentes con sofisticados trajes de protección. Una nueva amenaza había surgido entonces: algunos grupos estaban experimentando con humanos en busca de una cura.

Seis meses más pasaron y la gente seguía desapareciendo. Puesto que tanto el internet como la televisión habían desaparecido, todos confiaban en las radios y las esporádicas transmisiones que lograban recibir, y cada vez eran menos las estaciones que transmitían. Algunas solo duraban un par de semanas al aire y eran silenciadas en medio de disparos y gritos de agonía transmitidos en directo.

Poco a poco los rumores de los secuestros de personas fueron desapareciendo. Talvez porque no encontraron la cura y se rindieron, talvez porque ya no queda nadie sano en el mundo, talvez solo porque las transmisiones de radio desaparecieron. Mes y medio ha pasado desde la última vez que se logró escuchar alguna señal. Ahora solo hay estática.

La población mundial restante sumará a lo mucho poco más de mil personas, y se encuentran dispersas y escondidas por algunas regiones de lo que alguna vez fue Asia. Todo el resto del mundo ha sido cubierto por la nueva variedad, reina y señora absoluta del planeta.


Me tomó casi tres años dar con este sitio, pero valió la pena. Por fin conseguí las tres llaves para lograr activar el mecanismo y liberar al mundo la cura. Es la única forma, estoy convencido de eso. Todos los puntos iluminan el tablero con el mapamundi, al parecer todos los sensores funcionan y los hongos naranja están creciendo rápidamente; pronto llenarán todo el planeta y no quedará rastro alguno de esas malditas plantas… 

jueves, 9 de junio de 2016

Diego y los sapos

Diego era el pequeño hijo de mis vecinos. Era un tanto…escandaloso. Siempre había sido consentido por sus padres en todos sus caprichos, y cuando ellos no corrían a comprarle el juguete que había visto, o el dulce que se le antojaba, se tiraba al suelo y hacía sus típicas rabietas avergonzando a los desesperados padres, quienes corrían a complacerlo con tal de que se callara. Los demás niños le aborrecían, pues era envidioso y constantemente les rompía los juguetes cuando los veía mejores que los suyos. Pero Diego tenía otra gran afición: torturar animales. Se divertía enormemente quemando las pequeñas hormigas con su lupa, escarbando para cortar a la mitad algunas lombrices y luego lanzarlas al hormiguero, podía pasar horas viendo a las pobres infelices retorcerse antes de desaparecer en una marea negra y venenosa con miles de afiladas mandíbulas. Pero por sobre todas las cosas, Diego amaba torturar sapos. Siempre tenía especímenes frescos, pues su casa estaba cerca de un río, así que solo debía esperar que subieran por los taludes del puente y llegaran al jardín de su casa.

Solía lanzarles brazas calientes para verlos tragarlas y minutos después se retorcía de la risa en el suelo, viendo el agujero que el objeto hacía en el estómago del animal. Los metía dentro de una caja de zapatos, luego encendía una tira de “triquitraques”, acto seguido colocaba la tapa y corría a ponerse a salvo. Cuando abría de nuevo la caja, el pobre sapo estaba quemado, mutilado o muerto, y cuidadosamente recolectaba la “leche” que había segregado para maltratar algunos perros de la vecindad. Su broma favorita, sin embargo, consistía en meterlos dentro de una bolsa plástica, amarrarla con fuerza y colocarlos al lado de la carretera. El sapo, al intentar salir de la bolsa, comenzaba a saltar y a avanzar hacia la carretera, terminando siempre su desgracia bajo el caucho de los automotores. Así era Diego, todo un ejemplar, todo un desgraciado.   
          
La abuela de Diego por su parte, era una señora amable, adorada por todos los niños del barrio, y sufría a diario por los maltratos que su nieto le propinaba a las pobres creaturas. -Algo malo va a pasarte- le repetía constantemente, pero el pequeño demonio hacía caso omiso y algunas veces incluso, le dirigía algunos improperios.

Sucedió pues que una tarde lluviosa, uno de los “Froggers empaquetados” causó el derrape de una motocicleta y esta se impactó contra un vehículo en el que viajaba una familia entera; sacándolo de la vía y encausándolo hacia la baranda del puente. Madre, padre e hijos perecieron, así como el motociclista, quien de rebote calló bajo las llantas de un camión que transitaba a gran velocidad esparciéndolo junto con su moto por todo el pavimento. ¿Y Diego? estaba en primera fila, presenciando toda la macabra escena.

Corrió dentro de su casa y se metió bajo su cama, muy asustado, pero ignorando en gran parte la magnitud del accidente que acababa de provocar.
Las horas pasaron, los socorristas habían abandonado el lugar y los forenses hacían el levantamiento de los cuerpos.  Seguía lloviendo en la zona y al caer la noche, la familia se sentó a comer en medio de un solemne silencio. Las autoridades habían achacado el derrape de la moto a lo mojado de la pista, no había razón alguna para pensar en algún agente externo, y menos para culpar a un niño o al pobre sapo que solo trataba de escapar de su ajustada bolsa.
Todos se acostaron tan pronto terminó la cena, y las luces fueron apagadas, Diego suplicó a su madre le dejara la lámpara encendida mientras se dormía, mientras afuera continuaba lloviendo.

Pasaron las horas y todos los miembros de la familia dormían. Diego tenía el sueño más ligero, unos golpes en la ventana le despertaron. Los golpes provenían de fuera, y no eran golpes fuertes, eran más bien como si alguien los hiciera con el dedo. Se escondió bajo las cobijas pero los golpes no cesaron.  Armándose de valor, se acercó lentamente a la ventana, puso ambas manos en el vidrio para ver un poco mejor, y pegó su rostro contra el empañado cristal. Sus ojos se adaptaron a la oscuridad, y se rio de sí mismo al ver que el golpeteo que tanto le había asustado era producido por los saltos de un sapo intentando ingresar a su habitación; abrió levemente la ventana, extendió su mano y tomó al animal. Molesto por haber sido despertado, lo presionó con fuerza y lo estrelló contra la pared. Recogió el cadáver y lo lanzó por la ventana, puso de nuevo el seguro y se acostó dispuesto a conciliar de nuevo el sueño.

Minutos después volvió a escuchar el molesto ruido. Envalentonado, caminó fúrico hacia la ventana, abrió el seguro y observó con asombro el cadáver del anfibio colocado en la base de la ventana. Era extraño, le parecía haberlo lanzado lejos; lo tomó muy molesto y lo arrojó lo más lejos que pudo. Colocó el seguro nuevamente y se metió bajo sus cobijas.

Los minutos pasaron, y comenzó la lluvia a caer de nuevo. Escuchó nuevamente el golpeteo en su ventana y, desesperado, caminó hacia ella, la abrió y contempló nuevamente el sapo en la base. Extendió su mano para tomarlo y arrojarlo aún más lejos, pero su brazo fue tomado por una mano enorme y viscosa. Intentó zafarse con todas sus fuerzas, pero no logró moverse ni un centímetro. Intentó entonces lanzar un grito de ayuda a su madre, pero en cuanto abrió la boca, el ser que lo sostenía le introdujo el sapo muerto ahogando cualquier posibilidad sonora. Diego comenzó a llorar, quería correr,  pero tenía demasiado miedo como para moverse, y aunque sabía que su vida corría peligro, su cuerpo no respondía. Apoyó su pierna con fuerza y tiró hacia adentro, como un último desesperado intento por soltarse pero el sapo en su boca le impedía respirar bien, por lo que rápidamente perdió el conocimiento. La criatura lo tomó entonces y lo sacó con paciencia por la ventana. Lo llevó por el jardín arrastrándolo por el brazo,  y lo condujo al fondo del río. Cientos de sapos acompañaron la procesión mientras Diego y la criatura se perdían en las aguas para nunca más volver.

miércoles, 1 de junio de 2016

43



Susurros, gritos y espantos

Miles de voces eco hacen en mi cabeza

Cuerpos navegan ya río abajo

Hace rato ya que perdí la cuenta


El polvo lastima nuestros ojos y a todos nos cuesta respirar

La caravana disminuye su paso, preparándose para acampar.

Mientras el sol se torna ya rojo y la luna comienza a iluminar.

Algunos tienen ya menos fuerzas, no van a poder continuar.


Debemos movilizarnos, para encontrar comida,

Pues no podemos cultivarla, luchamos por obtenerla cada día.

Ya no crecerán las plantas, el suelo ahora es inerte

Dos menos retoman la marcha, los hemos dejado a su suerte.


Todo pasó tan rápido… y ahora todo es tan diferente…

Trato de recordarlo todo, pero se nubla mi mente.


En un abrir y cerrar de ojos, cientos de setas naranja brotaron

Este es el fin, muchos gritaron, otros solo se evaporaron

Mientras el viento arrastraba todo a su paso,

dejando solo destrucción y muerte.


Ahora solo quedamos unos pocos,

Intentando resistir hasta el final

Levantándonos entre los despojos

Reconstruyendo la “humanidad”.


¿Y es que quien iba a pensar?

que el mundo de esta forma iba a acabar

Por un simple líquido incoloro,

que ya no podemos aprovechar…

En la gloria de tu cuerpo



En la gloria de tu cuerpo... tan solo... déjame morir,

con el calor de tus labios, déjame morir

déjame morir, al lado de tu cama, mientras aun tenga aliento y sepa que me amas

déjame morir, sabiendo que eres mía, que tu corazón me pertenece y me piensas cada día

déjame morir, en la gloria de tu cuerpo, déjame amarte hasta mi último suspiro..

martes, 17 de mayo de 2016

Asuntos pendientes

Giró su reloj de arena como lo hacía todas las mañanas antes de comenzar a trabajar. Era su ritual de inicio de semana, donde religiosamente alineaba todos los adornos que tenía junto al computador y finalizaba volteando su preciado reloj de arena. El último regalo de cumpleaños que recibió de su amada Karla.

Era un día frío, más que de costumbre, las ventanas lucían empañadas a esa hora de la mañana y los rayos del sol aún no se dignaban a salir por entre las nubes. Gris era el día, gris era el tiempo y gris su agonía. No había día en que no llorase por su ausencia; noche tras noche se dormía llorando por haberla perdido de esa manera y noche tras noche en medio de sollozos y culpas, abrazaba su almohada deseando volver a tenerla aunque fuera por una sola noche.

Latas vencidas habían sustituido los paquetes de comida en la despensa, telarañas y polvo habían cubierto gran parte de la casa y tazas con hielo y botellas medio vacías de cerveza invadían el enorme refrigerador que alguna vez rebosó de comida y verduras frescas. Su depresión era evidente, había perdido peso considerablemente y su rendimiento en el trabajo era más bajo que nunca. Su jefe, preocupado por quien alguna vez fue de sus mejores empleados, le exigió tomar un par de semanas de vacaciones como último recurso rehusándose a despedirlo.

Se instaló en la vieja casa del lago, herencia de un tío rico de Dios sabe donde, en la que solía descansar con su esposa. Revisó las alacenas y tenía suficientes provisiones para un par de meses, tomando en cuenta lo poco que comía últimamente. Depositó su ropa en la cómoda y se dejó caer sobre la cama, deseando que su vida acabase de una vez por todas.

El ruido del viento golpeando la cubierta de una de las ventanas le despertó y le hizo levantarse. Era ya tarde en la noche, y se había dormido con las puertas abiertas. Una fría niebla proveniente del turbio lago comenzaba a entrar por la puerta principal. Cerró con seguro la puerta y las ventanas, se dispuso a volver a la cama pero un ligero golpe en la pared posterior de la cabaña le interrumpió. Armado con su linterna en la mano derecha y un cuchillo de cocina en la izquierda, salió de la casa y caminó cuidadosamente hasta el lugar de donde provino el ruido, sintiendo un gran alivio al ver que solo era un sapo que se había estrellado y yacía aún atontado cerca de una descuidada meseta.

Cerró tras de sí la puerta y caminó hacia su cama, cerró por un momento los ojos y deseó ver de nuevo a su amada, se volteó buscando abrazar su almohada y se encontró con unos ojos grises mirándole fijamente. Se alejó lo más rápido que pudo y le apuntó con el haz de la linterna, pero la criatura trepó con rapidez por la pared y escapando de la luz. Corrió hacia el salón cerrando la puerta, tomó el cuchillo con su temblorosa mano y retrocedió lentamente buscando la puerta de salida sin descuidar la puerta del cuarto. Unas desquiciadas risas comenzaron a sonar, al tiempo que la puerta era golpeada desde el interior de la habitación donde dejó encerrada a aquella criatura. Sabía que no podía escapar por ningún otro lugar, pues era el único lugar de la casa que no poseía ventanas, y el único ingreso era por la puerta que el estaba custodiando. Con una mano en la espalda y la linterna sostenida entre su cabeza y su nuca, intentaba abrir la puerta de salida pero no podía atinarle al agujero de la cerradura, y en uno de esos fallidos intentos, las llaves resbalaron y cayeron al piso. Se arrodilló rápidamente para recogerlas y de pronto los golpes cesaron. La risa sin embargo, se tornó más escalofriante todavía y observó con horror como una mano atravesaba la madera de la puerta como si de una cortina de agua se tratase. Poco a poco la cabeza también se abrió paso y en unos pocos segundos ya tenía fuera la mitad de su cuerpo.Levantó la cabeza en dirección al horrorizado sujeto y moviendo levemente la cabeza esbozó la mas horripilante sonrisa que jamás había visto. Sin duda alguna, parecía a su fallecida esposa, pero definitivamente no era ella, un ser tan maravilloso jamás podría convertirse en tan espeluznante criatura.

Se armó de valor y hundió el cuchillo con todas sus fuerzas justo en el ojo derecho de la criatura, pero la atravesó como si fuera de aire y quedó incrustado en la madera de la puerta y aunque no le hizo ningún daño, el solo hecho de intentarlo no pareció hacerle ninguna gracia al engendro de la puerta, quien lanzo ahora un poderoso alarido con el que acto seguido, todas las criaturas de las inmediaciones hicieron solemne silencio. De pronto no se escuchaban los grillos, ni las ranas cantando, no se escuchaba ni siquiera el viento mover las hojas de los árboles, no se escuchaba nada más que los exaltados jadeos del ser atorado en la puerta y las aceleradas palpitaciones del pobre desgraciado que estaba acurrucado en la puerta, presa del pánico, apuntándole con una linterna. Los minutos pasaron y de pronto entendió lo que estaba sucediendo: por alguna razón la criatura se había quedado atorada, al parecer, a causa de la luz con la que le apuntaba, se mantuvo así por espacio de casi una hora, no tenía el valor para mirarla directamente a los ojos, pero notaba algo en ella que le entristecía.

Un par de horas habían pasado ya y la luz comenzaba a debilitarse. Nunca había pensado tanto en la importancia de la electricidad como esa noche, y conforme la luz amainaba, la criatura comenzaba de nuevo a moverse. Intentó nuevamente abrir la puerta, rezando por hacerlo bien esta vez. Acercó una silla sin dejar de apuntar con la luz y la colocó cuidadosamente para abrir la puerta. Giró suavemente la perilla y quitó el seguro de la puerta; corrió desesperadamente hacia su auto y arrancó sin mirar atrás. Unos minutos después estaba en la interestatal con decenas de kilómetros de distancia de esa vieja cabaña justo cuando los primeros rayos del sol se comenzaban a asomar.

Paró en un hotel del camino, demasiado nervioso para poder dormir, pero agotado por el viaje y las horas de horror que acababa de sobrevivir. Fue al bar y con un Whisky en las rocas contó al camarero la situación que le acababa de acontecer; este se limitó a encoger los hombros mientras continuaba limpiando la desgastada barra. Unos cuantos minutos (y tragos) después, se dirigió a su cuarto y se acostó a descansar lo que quedaba de la mañana y para el atardecer ya se sentía completamente repuesto. Abordo de nuevo su vehículo y emprendió la marcha hacia su desordenada casa. Encendió las luces de su auto para poder ver mejor la carretera y un escalofrío recorrió su cuerpo. Volteó lentamente y ahí estaba de nuevo ese rostro, junto al asiendo del acompañante, justo donde viajaba su mujer el día que discutieron y el la empujó causándole la muerte al salir del vehículo cuando falló el seguro de la puerta. Ahí estaba ella y gritó nuevamente, desesperado trató de defenderse pero esta vez no había luz capaz de detenerle…


Días después fue encontrado su auto cerca del la vieja casa: vacío, calcinado, y con unas extrañas marcas de arrastre que salían de este y desaparecían en la orilla del mismo lago donde escondió el cadáver de su difunta esposa. Por fin entonces, se solucionaron todos los asuntos pendientes.

martes, 19 de abril de 2016

La curiosidad de Bruno

Aquel viejo portón con los barrotes oxidados no iba a detenerlo más, Bruno sentía la curiosidad desde hace meses, ese edificio abandonado y semi destruido le incitaba todos los días cuando iba rumbo al colegio. Muchos rumores habían respecto a ese enorme inmueble, y algunos aseguraban haber escuchado extraños quejidos por las noches, provenientes del interior del que alguna vez fue un gran “centro de investigación” hacía 41 años atrás. Le faltaban solo dos meses para graduarse y no quería irse de la ciudad sin saber cómo era el interior de ese edificio.

Miles de judíos desfilaron por esa misma entrada y cruzaron ese mismo portón, para nunca más salir, o al menos, eso es lo que contaban los más antiguos pobladores del lugar. Miles de almas fueron atormentadas dentro de esas instalaciones; derrumbados sus muros ahora, producto del último bombardeo y el pasar insorteable de los años.

Aprovechando la poca luz al amanecer, se deslizó entre los retorcidos y oxidados fierros y en cuestión de segundos ya estaba dentro. Caminó rápidamente y una vez dentro del edifico, encendió su linterna y se dispuso a explorar.

No quedaba nada intacto; después de todo, habían pasado 4 décadas desde que dejó de funcionar. La mayoría de las cosas habían sido robadas o destruidas por el paso del tiempo. Caminó por los pasillos cautelosamente, leyendo con atención cada uno de los pocos letreros que aún se mantenían legibles, avanzó por un largo pasillo y al llegar al final, se encontró con un bloqueo causado por el derrumbe de una pared. Logró divisar un pequeño agujero por el que de costosamente entraría, y armado de valor y curiosidad, continuó su recorrido a través de aquel estrecho túnel. Del otro lado solo encontró 2 puertas más en ambos lados y una pared en medio; decepcionado, se disponía a irse cuando tropezó con un borde levantado de una compuerta que se encontraba en el piso, de lo que esperaba fuera un sótano o al menos una bodega. Se devolvió al derrumbe para buscar algo que le ayudase a abrir la compuerta y después de mucho batallar logró separar un trozo de varilla de la estructura; unos 15 minutos después, la compuerta había cedido y Bruno estaba listo para adentrarse en su nuevo descubrimiento.

El agua se filtraba por algunas paredes y las mantenía húmedas y cubiertas de un extraño musgo, el pasillo estaba desordenado, con muchas sillas y bandejas metálicas tiradas por doquier; algunos restos de lo que parecían pinzas y otras herramientas también debían ser esquivadas conforme avanzaba hacia la extraña puerta que se encontraba al final del pasillo.

Limpió un poco el letrero instalado en la puerta y la leyenda indicaba “Forschungsraum”. Abrió la puerta y aferrándose a la luz de su linterna, continuó su exploración.

A diferencia del resto del edificio, este cuarto no parecía dañado por los años, al contrario, era como si el tiempo se hubiese detenido dentro de ese cuarto; todo se veía nuevo. Caminó despacio, observó varios círculos pintados en el suelo, con extrañas formas dentro y letras desconocidas alrededor, algunos de ellos tenían runas, otros varios triángulos y  al lado de una pared, un círculo enorme con la estrella de David en medio y alrededor muchos pentagramas. Este círculo era diferente a los demás, además del tamaño considerablemente mayor, era de color rojo y no estaba tan bien detallado como los otros, que eran perfectos; parecía más bien hecho a mano por alguien con mal de Párkinson, y la zona donde estaba parecía quemada. Apuntó el haz de luz hacia la pared y pudo ver que también parecía quemada y estaba agrietada y comprobó con horror que habían figuras humanas pintadas, con los brazos levantados, como protegiéndose de algo. Estas figuras le hicieron recordar las fotos que vio en el libro de su tío, de lo que quedó de las víctimas de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. Era indudable que algo malo había ocurrido ahí.

Observó al final del enorme cuarto un tanque de vidrio con un líquido verduzco dentro; se acercó, limpió un poco el cristal y retrocedió de inmediato: dentro del tanque había lo que parecía una persona muy delgada, conectada a lo que parecía un respirador artificial, pero eso no era posible, el diseño era muy adelantado para la época en la que fue construido el edifico, y más extraño aún, el cuerpo estaba intacto, casi parecía vivo, se acercó un poco más para mirar con más detenimiento y el hombre dentro del recipiente abrió los ojos, horrorizado dio un salto hacia atrás pero una mano posada sobre su hombro le impidió el paso.
Se volteó lentamente y solo consiguió mirar algo enorme con ropa blanca mientras perdía el conocimiento.

Despertó algo adolorido y desorientado, intentó levantarse pero no podía. Observó con detenimiento con el único ojo que podía abrir y se encontró sujetado a una silla, no podía mover siquiera la cabeza. Intentó gritar pero algo dentro de su boca ahogó el rugido.
Delante de él se encontraba un hombre viejo, fácilmente sobrepasaba los 70 años; apoyado en un bastón metálico con púas en la punta que apuntalaba al suelo y una mirada siniestra y detrás de él, algo enorme, con forma humanoide pero que media más de 2 metros y tenía una masa muscular espantosa. Trataba de comunicarse con extraños gemidos que el viejo parecía entender, ambos reían mientras lo observaban hasta que notaron que había despertado.
El anciano se acercó lentamente mientras lo inspeccionaba con sus ojos vidriosos; tocaba su cara con la fría punta del bastón y las púas amenazaban con incrustarse en su carne, después de unos minutos de silencio, el viejo por fin habló:

-Ciertamente no esperábamos un voluntario para los ensayos tan pronto… todavía faltan algunas cosas que ajustar, otros sujetos con quien experimentar…

Volteó trabajosamente y mientras se dirigía al tanque con el ser en su interior continuó hablando:

-Desde la caída de nuestro imperio continuamos trabajando, investigando en este laboratorio que fue de las pocas cosas que sobrevivieron al bombardeo; aunque muchos de nuestros colegas y sus apuntes perecieron por el fuego, suficiente  información pudo ser rescatada para continuar con los estudios. Pude obtener también varios sujetos de prueba gracias a los mutilados por la explosión de la bomba… bastó con terminar de amputarles las extremidades restantes y esperar a que sanasen… ¿sabes? Es mejor si el sujeto de pruebas no tiene ninguna forma de escapar…

Mientras una macabra sonrisa se dibujaba en sus labios extraía una jeringa de su escritorio y la llenaba con el líquido contenido en el tanque. Acto seguido introdujo la aguja dentro del ojo cerrado de bruno mientras el objeto en su boca apagaba el horripilante grito de dolor.

Despertó violentamente, al instante que abrió sus ojos descubrió que la hinchazón había desaparecido, se sentía realmente bien y pudo observar que ya no estaba atado a la camilla, ahora poseía una especie de grilletes que le sujetaban a la pared cerca del enorme pentagrama color rojo.
Nuevamente apareció el enorme ayudante del anciano, trayendo esta vez una bandeja con comida para Bruno.

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí encerrado, dentro de algunos recuerdos confusos de las veces que despertó durante algunos segundos, luego de que el anciano le inyectara ese líquido, recordaba unos hombres discutiendo sobre lo precipitado de los experimentos y su ultimo recuerdo fue ver como sacaban un torso en una camilla y el desmayarse cuando el sujeto muerto volteó la cabeza producto de un desnivel en el piso y pudo ver su rostro de desesperación grabado al momento de la defunción.
Sin mucho apetito, comió lo que su captor le ofreció, más por el miedo a ser golpeado nuevamente o torturado si no comía, que por hambre. Minutos después de que la mole se marchó con la bandeja y las sobras, llegó el anciano, trayendo consigo un estetoscopio y una pequeña linterna, la cual, al apuntarle el haz de luz directo al ojo izquierdo, le provocó un inmenso dolor y una furia asesina que nunca antes había sentido.

En el rostro del anciano había cierto dejo de preocupación, pero al preguntarle Bruno por las otras personas que discutían con el sobre lo apresurado del experimento, su semblante cambió.

Sin decir una sola palabra, el anciano se levantó y se dirigió de nuevo hacia el estanque, extrajo otra jeringa del extraño líquido y de nuevo esa sonrisa maquiavélica se dibujó en su rostro. Bruno comenzó a agitarse, a intentar por todos los medios liberarse de las cadenas, pero un golpe en su nuca propinado por la enorme mole debilitó al instante todos sus impulsos; y, mientras lo sujetaba por detrás con una llave y le impedía cualquier movimiento, podía sentir su fétido aliento penetrar en sus fosas nasales mientras el abominable anciano introducía la aguja esta vez directo en su vena yugular. Volvió a desmayarse…

Esta vez su letargo no duró tanto tiempo, y pudo mantenerse despierto por más tiempo entre los lapsos de delirio.

Pudo contar ahora a 3 extraños personajes, que parecían satisfechos con el anciano esta vez, pero algo no iba bien: al mirar con más detenimiento a estos sujetos pudo descubrir que no eran exactamente humanos, es más, no parecían sólidos, ya que se distorsionaban levemente cuando el aire de uno de los ductos de ventilación soplaba a través de ellos. Poco a poco fue recobrando la consciencia y al intentar gritarle algunos improperios a sus captores, notó que nuevamente algo apagaba sus gritos mientras maldecía con toda su alma el instante en el que había entrado por esa maldita puerta.
El leve sonido que pudo escapar fue suficiente para que los ahí reunidos voltearan hacia el pobre desdichado, y con una señal, el más obeso de todos le indicó al anciano que era momento de proseguir con lo planeado…

Apareció la mole nuevamente y lo levantó con violencia. Soltó las cadenas de la pared y lo arrastró hacia el lugar donde estaban pintados los  pentagramas y símbolos  extraños. Bruno trataba de liberarse con todas sus fuerzas, pero poco podía hacer en esa condición y contra ese enorme ser que le llevaba a rastras. Fue sujetado al piso con sus brazos y piernas abiertas y segundos después el anciano atravesó su pecho con una enorme aguja conectada a una extensa manguera metálica. El viejo accionó unas palancas y del techo bajaron lentamente ocho espejos que reflejaban la imagen un tanto distorsionada.  Mientras el anciano colocaba grandes piedras de colores a su alrededor, una en cada extremidad y otra grande y citrina sobre su cabeza, la mole fue depositando a su alrededor varios torsos sin extremidades. La mirada de estos infelices estaba perdida y no tenían nada cubriéndoles la boca. Esto fue espantosamente aclarado al momento en que una aguja similar a la que tenía fue clavada en el pecho del individuo a su izquierda: Este abrió la boca pero no emitió ningún sonido: no tenía cuerdas vocales y tampoco lengua. Se encorvó levemente y segundos después quedó inmóvil. Este procedimiento fue repetido con los otros 6 infelices y una vez todos fueron conectados y amarrados al piso, mole y maestro se dirigieron al panel con los controles.

-Auf Wiedersehen- le dijo el anciano con una mofa en su rostro, accionó la última de las palancas y  las piedras comenzaron a brillar al tiempo que la temperatura comenzaba a ascender. Conforme la luz de las piedras se intensificaba  aparecían siluetas en los espejos: pudo reconocer en ellos a varios de los sujetos espectrales que vio cuando aún estaba medio adormecido. Pudo ver claramente sus rostros, deformes y malévolos, la silueta era humana, pero esos rostros definitivamente no lo eran. Golpeaban con  fuerza los cristales, desde el otro lado, desesperados por cruzar hacia este mundo.  La temperatura seguía subiendo y ampollas aparecían en sus brazos, su cabello también comenzaba a achicharrarse y el dolor cada segundo aumentaba. Cuando sus fuerzas comenzaron a flaquear, y el dolor era tan intenso que le obligaría a gritar de agonía, el líquido del contenedor comenzó a descender hacia su pecho a través de la manguera metálica. El dolor se volvió insoportable, lanzó dos ahogados gritos y perdió el conocimiento. Al instante una fuerte descarga eléctrica le despertó.  El anciano caminaba en círculos con ansiedad y preocupación, el dolor fue disminuyendo hasta que de pronto, no sintió nada más y el tiempo se detuvo. Aunque las piedras seguían brillando, y quemando su piel, el dolor había desaparecido por completo, y lentamente los espectros del espejo cruzaron a este plano, traspasando el vidrio cuan cortina de agua; cayeron pesadamente al piso y el ritual se detuvo.

Notó  en el rostro de satisfacción del anciano, que el ritual había sido un rotundo éxito, este se acercó de prisa junto con la mole y uno a uno, colocaron a los seres en camillas y los sacaron de la habitación, dejando a Bruno amarrado en el piso.

Casi perdía el conocimiento pero unos golpes provenientes del contenedor de cristal le hicieron voltear la cabeza: Dentro del recipiente, ahora vacío, la criatura convulsionaba, como cuando colocas un pez en un recipiente sin agua; parecía estarse ahogando, pero aún tenía el respirador artificial conectado. Comenzó a golpear cada vez con más fuerza las paredes del recipiente y logró romperlo. Se quitó el respirador de prisa y saltó fuera de su prisión de cristal. Miró los torsos en el piso y corrió hacia ellos mientras su brazo expedía una importante cantidad de sangre producto de los cortes al romper los vidrios. Se posó sobre el primero y abrió una enorme boca, con varias filas de tajantes dientes y desmontando su quijada, comenzó a devorar al primer infeliz. Bastaron cinco de minutos y  tres de los sujetos habían casi desaparecido. Sintió el hedor cerca de sus oídos y justo cuando comenzó a sentir el dolor de las garras de la criatura al aferrarse para comenzar a devorarlo, escuchó una fuerte detonación y de repente la mitad de la cabeza de su escuálido pero hambriento depredador había desaparecido.

Detrás de la humeante arma se encontraba el anciano, quien no podía dar crédito a lo que había ocurrido y se le veía bastante preocupado. Envió a la mole a levantar los 4 torsos restantes y comprobó que yacían muertos, aunque no podía determinar en ese momento si la criatura los había eliminado, o simplemente no habían soportado el experimento.

Bruno siguió en el piso mientras limpiaban todo el desastre, y al cabo de unos minutos, la enorme mole recogió también su cuerpo. Observó con debilidad como lo sacaban de la habitación a rastras y, totalmente agotado, se desvaneció de nuevo.


Lentamente abrió los ojos y se encontró en una oscura gruta. Pronto sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pero su nariz no podía acostumbrarse al hedor a carne descompuesta que impregnaba el lugar. Se levantó pesadamente e intentó caminar, pero tropezó con un bulto pesado y viscoso. Horrorizado comprendió que era uno de los torsos utilizados en el experimento y que el terrible olor provenía de cientos de cadáveres que habían sido arrojados desde lo que parecía meses. El zumbido de las moscas le advertía que ese lugar llevaba bastante tiempo albergando cuerpos. Con gran dificultad logró desplazarse a través del mar de carne y alcanzar por fin la tierra firme. Caminó unos minutos siguiendo la dirección de algo que esperaba fuese agua que corría débilmente y una luz le indicaba la posible entrada de la cueva. Aceleró el paso esperanzado, deseaba con toda su alma volver a casa, a la tranquilidad de su cama. En cuanto saliera, iría corriendo a la policía; estos horrores debían ser detenidos a como diera lugar. El aire fresco le alentaba. Corrió hacia la luz, casi la abrazaba. Podía escuchar personas del otro lado, y aunque era un solitario, nunca había estado más feliz de poder estar acompañado. Aceleró el paso, corrió con todas sus fuerzas, y el dolor fue insoportable al chocar de frente contra la pared invisible. Se tomó la nariz e intentó detener el sangrado con una mano, mientras con la otra seguía golpeando, pero nadie del otro lado le escuchaba.  Acercó su rostro a la pared y cuando su vista por fin se acostumbró a la claridad, no podía dar crédito a lo que estaba viendo: del otro lado estaba su familia, felizmente reunida y celebrando una fiesta. ¿El celebrado? ¡Era Bruno con su traje de graduación! ¡Ese era su cuerpo! Le llamaban para la foto familiar y se disculpó un momento para irse a arreglar al espejo. Al llegar sonrió con una gran burla, y colocó la mano cerrada mostrando el dedo del medio donde estaba su cara en el espejo, -Auf Wiedersehen…- dio media vuelta y se fue a celebrar junto con su familia; Bruno rompió a llorar y una mano huesuda y viscosa se posó sobre su hombro mientras algo le mordía el cuello. Contempló la escena nuevamente y rápidamente perdió el conocimiento.

miércoles, 13 de abril de 2016

VI

Te pensé y estabas ahí…
Perfecta como siempre, soñando plácidamente
Tu sonrisa de niña al dormir, Tu leve sonido al respirar
Te pensé y estabas ahí… y tuve miedo de hablar.

Miedo de deshacer el momento,
De que por un movimiento desaparecieras de mi lado
Tuve miedo de hablar, incluso de respirar,
Pero estabas ahí… y comencé a llorar.

Entre lágrimas y recuerdos desapareciste,
Y solo me volví a quedar,
Me sentí desdichado y triste,
Y puse todo mi empeño en volverte a imaginar…

¡Y apareciste de nuevo!,
Levantando la mirada lentamente
Rocé con cuidado tu pelo,
y nuestros ojos se encontraron nuevamente

Y me besaste una vez más,
Mientras más lágrimas brotaban
Te pensé y estabas ahí,

Y mi corazón lloraba.

jueves, 7 de abril de 2016

Cuando nuestra mente ataca

No tenía tiempo de sentir culpa, no había momento para remordimientos. Lo hecho, hecho estaba. Y lo cierto es que de volver a tenerlo en frente, le volvería a matar. Lanzó el ensangrentado cuchillo al fondo del mismo lago donde empujó el cadáver y huyó velozmente. Era menester que le vieran en el bar con el resto de los empleados de la compañía. Hacía ya 45 minutos que había dicho iba a entrar al baño y ya los demás debían estar preocupados por su salud, o haciendo todo tipo de chistes y burlas; pero no le importaba, ya estaba hecho y lo único que necesitaba era mantener su coartada. Se escabulló con diligencia por el agujero de la ventana, y salió por la puerta del baño simulando acomodarse el cinturón. Se enjuagó la cara y se secó un poco el sudor que salía de su frente. Caminó hacia sus demás compañeros con una mano en el estómago, se incorporó a la conversación del grupo y la noche terminó como había sido planeada.

Era casi media noche cuando por fin todos decidieron terminar la juerga. Algunos pocos rezagados trataban de mantenerse en pie y se balanceaban abrazados tratando de mantener el equilibrio. Se despidió de sus amigos y se dirigió hacia su casa. Esa noche durmió tranquilamente, como no lo había hecho en meses.

Un llamado a la puerta le despertó al ser las 9 de la mañana, y delante de ella, un oficial de la policía preguntaba por su nombre. Respondió numerosas preguntas referentes a su odioso vecino, y le recordó al oficial a las muchas quejas que le había hecho personalmente sobre los constantes ruidos provenientes de su casa. Le indicaron que no saliera de la ciudad mientras la investigación continuara, debido a que el sr Thompson había aparecido tirado cerca del lago y se encontraba muy delicado en el hospital. Se despidió amablemente del oficial y una vez este se retiró, el pánico se apoderó de su mente. Se encontraba muy delicado en el hospital!!! Ese hijo de puta no había muerto, y si hablaba, no había coartada capaz de demostrar su inocencia.

La única solución que su perturbada mente encontró, fue terminar lo que había comenzado; si Thompson hablaba, él se hundía. Se vistió rápidamente y se encaminó hacia el hospital. Aprovechando que una tía suya estaba internada, pidió visita y una vez dentro, se desvió al pabellón de cuidados intensivos. No tardó mucho tiempo en dar con su vecino, pero un nuevo inconveniente saltó a la vista: al frente de su puerta, un oficial de policía le custodiaba, así que bajó la cabeza y pasó rápidamente para evitar ser reconocido. Necesitaba idear un nuevo plan para terminar con él, o de lo contrario pasaría el resto de sus días pudriéndose en una asquerosa celda de la cárcel de la ciudad.

Caminó un par de metros más y aprovechando un descuido del oficial, le clavó un afilado cuchillo por la espalda. Corrió a toda prisa hacia la cama de su vecino y sin mirar atrás clavó el cuchillo tantas veces como sus fuerzas le permitieron. Salió corriendo del cuarto pero justo cuando cruzaba la puerta el policía le tomo de la pierna y le hizo tropezar, provocándole un profundo corte en su brazo con el arma homicida mientras emprendía su huida perdiendo sangre considerablemente; cruzó la calle sin mirar atrás y justo cuando pensó que lo había logrado, fue arrollado y destrozado por un camión que transportaba cilindros de gas.

Abrió los ojos segundos después, y muy aturdido y llorando, trató de unir las dos mitades de su cuerpo antes de morir desangrado abrazando sus piernas.



La policía nunca entendió porque aquel des adaptado la emprendió contra la señora López que se encontraba en recuperación luego de una cirugía a corazón abierto, y aunque su hijo, que era policía, trató de detener al agresor, la puñalada en la espalda le impidió hacer mayor cosa. Horas después apareció el señor Thompson flotando en el centro del lago, y al no encontrar el arma homicida ni un móvil para el asesinato, el caso se archivó dejando a una comunidad consternada por las dos muertes en la misma calle: El viejo amable y solidario de la hermosa casa donde se reunían los ancianos de la iglesia local, asesinado mientras daba de comer a los patos por algún cobarde probablemente para robarle y el joven solitario que se levantó un domingo en la mañana luego de una noche de copas, tomó su cuchillo y asesinó a sangre fría a una paciente del hospital.

lunes, 28 de marzo de 2016

Disfrutaré esto Lentamente

Eran casi las 12 y Robert volvía  a casa con su nueva conquista. Una de las mejores noches de su vida. Sin duda alguna, la suerte le había sonreído esta vez. Ella era alta, más alta que él; un cuerpo escultural, cabello castaño y una melodiosa voz. La conoció esa noche en el bar y fue amor a primera vista. Pasaron horas tomando y charlando, y mientras la noche avanzaba, la conversación fue subiendo de tono y habían decidido terminar de conocerse en su departamento.

Vivía en un barrio de clase media, y aunque tenía vecinos divididos por las paredes, había invertido en hacer de su morada un lugar a prueba de sonido. Nada entraba, nada salía, así podía divertirse hasta altas horas de la noche escuchando su música favorita, no tenía que escuchar las peleas de los demás, y lo más importante, nadie escuchaba los gemidos de sus trofeos.

Ciertamente se había pulido en eso, y no había cosa en el mundo que disfrutara más, que escuchar esos sonidos en la madrugada, pero los gemidos que más le gustaban eran los que hacían sus "obras de arte", como les gustaba llamarlas, justo antes de que la luz de sus ojos se apagase para siempre.

Sirvió una copa de vino para su pareja, y con una música suave y velas aromáticas, comenzaron a besarse apasionadamente. Él nunca había estado tan extasiado, y ella parecía disfrutarlo mucho. Muchos años de práctica y muchas jovencitas con falsas esperanzas le habían curtido en el arte de  la conquista; siempre se jactaba de eso. Un movimiento sutil de muñeca y el sostén había desaparecido, estaba en camino de hacer lo mismo con la parte inferior de su vestimenta, cuando comenzó a sentirse mareado. Instintivamente llevó sus manos a la cabeza justo antes de desplomarse sobre la alfombra de su alcoba.


Lentamente abrió sus ojos y se encontró amarrado a su camilla. La joven estaba frente a él muy pensativa, muy ansiosa, cosa que le preocupó bastante. Revisaba constantemente su móvil mientras los minutos pasaban. Finalmente se levantó del sofá y corrió a abrir la puerta. Y allí estaba ella… la reconoció al instante. La había conocido en el mismo bar, y abandonado en un lago cercano un par de años atrás. Era ella sin duda, aunque la recordaba con mucho mejor aspecto. Recordó cómo había recortado su piel en esa misma cama, cuanto había disfrutado escucharla llorar y suplicar misericordia. Había sido muy difícil de convencer para poder llevarla a su apartamento, y encima de todo, era virgen. Él había sido su primer y único hombre y eso le hizo mantenerla con vida durante casi una semana. Recordó la prisa con la que volvía del trabajo para poder disfrutarla nuevamente y como adoraba realizarle los cortes después de consumado el acto. Recordó como había hundido el cuchillo en su pecho la última vez, para posteriormente, dentro de una bolsa plástica, depositarla en el fondo del lago. Estaba seguro de no haber dejado ninguna evidencia y que efectivamente, la mujer estaba muerta cuando la perdió de vista entre el fango y el agua.

Ambas chicas cruzaron algunas palabras en voz baja, y la que debía ser la nueva víctima abandonó el departamento cerrando la puerta nuevamente y su antigua conquista colocó un pesado maletín en el suelo y comenzó a sacar una serie de cuchillos y herramientas que fue colocando sobre su mesa de noche.

Intentó hablarle, pero Vanessa (o al menos era el nombre que recordaba) no respondió.

Comenzaba a perder la calma conforme los instrumentos iban saliendo de uno en uno del viejo bolso e iban siendo depositados en la mesa. Una leve sonrisa se dibujó en el marcado rostro de la joven cuando el último de los cuchillos fue depositado en la mesa, mientras una enorme lágrima bajaba por su lastimada mejilla. Lo reconoció al instante. Fue el cuchillo que utilizó para dar el golpe de gracia, el mismo que quedó enterrado en el pecho de Vanessa cuan Excálibur en la piedra, coronando su hasta el momento, Opus Magnum. Solía dejar el arma homicida en el cuerpo de sus víctimas, como una burla a los investigadores, y pasaba horas imaginando el momento en que eran extraídas de los cuerpos de sus preciados trofeos y llevadas a realizar todo tipo de pruebas para nunca encontrar la más mínima pista.

Intentó dialogar nuevamente, pero su primera palabra se convirtió en un enorme alarido cuando la mitad de uno de los cuchillos había desaparecido dentro de su muslo izquierdo. Con todas sus fuerzas intentó nuevamente liberarse, pero debió gritar nuevamente cuando el resto del cuchillo desapareció tras un firme martillazo. El metal había traspasado completamente su pierna y la mantenía clavada a la base de la camilla. La pierna derecha no se mantuvo intacta por mucho tiempo. Un enorme cincel se abrió paso a través de su rodilla, moliendo los cartílagos a su paso y salpicando de sangre y fluidos todo a su alrededor.

Gritó con todas sus fuerzas, más no suplicó piedad. De alguna forma entendía que esa no iba a obtener misericordia y que era un merecido castigo por todo el dolor que había provocado.

Vanessa se levantó súbitamente y corrió hacia la cocina, trayendo consigo una enorme llave de cañería un par de minutos después. Balanceó el pesado objeto un par de veces cerca de la muñeca de Robert, como calculando para no fallar el golpe, pero era más pesada de lo que imaginó y el golpe no dio en el centro, por lo que solo molió la carne y no logró fracturar los huesos. Un segundo golpe fue necesario y se retorció de placer al escuchar el chasquido de la fragmentación de los huesos. Balanceó la llave nuevamente y mientras Robert profería el alarido de dolor por el segundo golpe en su mano, varios de sus dientes volaron y parte de su quijada quedó desprendida. El rostro de su victimaria había cambiado por completo y la duda que reflejaba al inicio de la tortura había desaparecido completamente.

"Disfrutaré esto lentamente" fueron las primeras palabras que escuchó de Vanessa antes de perder nuevamente el conocimiento, palabras que él usaba antes de comenzar sus obras de arte.

Despertó horas después y no podía mover sus labios. El sangrado había sido disminuido tal y como el lo había hecho incontables veces con sus trofeos. Su pierna ya no estaba clavada a la camilla, pero aún mantenía el cuchillo dentro de su carne. Un enorme escalofrío recorrió su cuerpo al caer en cuenta que ya no estaba en la posición en la que se había desmayado. Se encontraba ahora boca abajo y amarrado de tal forma que no podía moverse y su trasero ahora estaba expuesto.

Muchos instrumentos de diversas texturas y tamaños fueron utilizados por la joven para su venganza por los 5 días en los que tuvo que sufrir una y otra vez las violaciones del depravado. El filo de algunos de ellos aumentaron el dolor inconmensurablemente. Para cuando la noche del tercer día había caído, el cuerpo de Robert estaba desecho, y no quedaba nada de lo que alguna vez había sido. Toda su moral había sido removida junto con esa parte de la que alguna vez se pavoneó, y Vanessa se había cobrado cada una de las torturas a las que fue sometida.

Era casi la media noche del martes 31 de octubre del 2012 cuando Vanessa abandonó por fin aquel departamento. Dejando atrás los despojos de quién alguna vez le causó tanto daño. Llevando consigo en el bolso el trofeo que cortó con el mismo cuchillo con que fue asesinada. Afuera del apartamento la esperaba la bella joven que le abrió la puerta, y juntas desaparecieron en la espesura de la noche, bajo una nube de humo y un fuerte olor a azufre.

Algunas horas después la policía irrumpió en el lugar gracias a una llamada anónima y Robert fue trasladado muy delicado aunque con vida al hospital mas cercano. La recuperación fue lenta y dolorosa. Muchos meses pasaron para que pudiera caminar ayudado con un bastón, y para completar su larga rehabilitación, consiguió ser trasladado a un lugar de retiro muy lejos de la ciudad donde sufrió su castigo. Fue recibido amablemente por la directora de la institución, y se sentía aliviado, pues a pesar de las torturas, aún poseía un poco de encanto. Le guiaron hacia su nueva habitación donde lo esperaba su nueva enfermera, quien le asistiría hasta que lograra recuperarse completamente. Era hermosa y muy amable. Por fin la vida comenzaba nuevamente a sonreirle. Se volteó para que la enfermera le ayudase con el abrigo y esta le abrazó por detrás suavemente mientras le susurraba al oído "Disfrutaré esto lentamente".


miércoles, 9 de marzo de 2016

Irving Strong


No siempre las cosas son como se desean..No siempre las cosas son como parecen... Basta con abrir los ojos a nuestro entorno, para observar que cada instante alguna criatura perece...

Era una noche fría como pocas, el aire de la madrugada se colaba a través de las hendijas de las paredes de madera. La casa era nueva, pero aún no estaba terminada. Aún así, decidí mudarme para dejar de pagar alquiler y con lo que me iba a ahorrar podía irle agregando lo que faltaba.

Lentamente estiré la mano hacia la repisa donde había dejado el celular; y con solo un ojo abierto para poder leer mejor la pantalla, observé un poco turbado la hora... 3 con 5 nuevamente... esta era la tercera noche consecutiva en la que me despertaba a esa hora, era la tercera noche en la que sentía ese terrible frío, y aunque esta vez me había preparado mejor con dos cobijas, podía ver mi aliento con el reflejo de la pantalla del teléfono.

Decidí levantarme para ir a por agua, y fue ahí donde mi desesperación comenzó. Al principio pensé que era por el frío, pero unos segundos comprobé con horror que no podía moverme de la cintura hacia abajo. Algo me sostenía a la cama con fuerza y entre más luchaba por liberarme, mas fuerte era la presión que ejercía. encendí el flash de la cámara de mi celular pero no pude ver nada, aún así, sentía ese algo invisible sosteniendo mis piernas con fuerza. Intenté gritar pero no pude emitir sonido alguno. Sentí una mano pesada en mi pecho que me empujó de nuevo hacia la cama, golpeando fuertemente mi cabeza contra el respaldar. Intenté gritar nuevamente antes de perder el conocimiento.

Estaba todo oscuro y el frío ahora era más intenso. Abrí los ojos lentamente y traté de moverme, pero sentía mi cuerpo extraño. Me dí cuenta de que flotaba, y definitivamente ya no me encontraba en mi cuarto.

Una leve y helada corriente de aire chocaba contra mí de frente, y una luz muy tenue expedida por lo que parecían diminutos seres bioluminescences me indicaba que iba flotando a través de lo que parecía un túnel. Al cabo de unos minutos comencé a escuchar unos lamentos muy débiles, pero conforme iba avanzando aumentaba la intensidad de las voces. Pronto el ruido era ensordecedor y mientras la luz iba aumentando a medida que me acercaba al final del túnel, la temperatura del aire iba descendiendo. Llegado al final del túnel fui recibido por un ser extraño, pálido y extremadamente flaco, traía en su mano derecha cuatro largas cadenas, en cuyos extremos se encontraban cuatro seres igual o más desnutridos que él. Intenté escapar, pero seguía sin poder moverme, tan solo era un espectador y un gesto del tipo me indicó que de ese modo iba a continuar.

Continuamos flotando a través de lo que parecía un enorme lago subterráneo, Las criaturas que iluminaban las paredes de la caverna eran de un tamaño considerablemente mayor a las que ví en el túnel. La superficie del lago estaba congelada, y contenía miles de cuerpos atrapados y gritando por el dolor que le producían las quemaduras por el frío. Algunos de ellos estaban sumergidos hasta el cuello, mientras que otros hasta medio cuerpo. A muchos de ellos les faltaban algunas secciones de las extremidades, principalmente los dedos.Los minutos pasaban y seguíamos avanzando sobre el lago, al cabo de o que calculé una hora y media aproximadamente, mi guía me indicó que íbamos por la mitad del camino. La fuerza del viento aumentaba cada metro que avanzábamos, y durante este trayecto nunca dejé de observar cuerpos, al contrario, estaban más juntos unos de los otros, y los lamentos tampoco cesaban.

Pronto comencé a distinguir de donde provenía el viento. Había un ser enorme que batía sus alas con gran fuerza. Tenía también congelada la mitad del cuerpo, y aún así, su tamaño era descomunal y un recuerdo de las historias de Lovecraft vino a mi mente. Extrañamente, al contrario de los millones de desgraciados ahí atrapados, este ser no tenía forma humana. Todo el lugar se me hacía conocido, pero no sabía porqué. Descendimos lentamente hasta donde la criatura, la cual poseía tres deformes fauces y en cada una de ellas un cuerpo que no terminaba de masticar y se retorcía penosamente.

Mis ojos y los de la bestia se encontraron, y su mirada en lugar de transmitir miedo, daba lástima. Pude comprender por sus gestos que no deseaba devorar a ninguno de esos hombres, y que solo era parte de un castigo compartido y el debía hacerlo porque así estaba decretado.

Extendió hacia mí sus brazos lentamente, como solicitando ayuda, y con su dedo indice, señaló hacia el techo del enorme lago, casi alcanzando una  de las enormes estalactitas que colgaban del techo. Tan cerca y tan lejos...pensé.

Fui tomado del brazo por el escuálido guía y comenzamos a flotar en dirección ascendente. Esta vez avanzábamos de forma mas lenta, y noté que mi guía estaba realizando un gran esfuerzo por subir.

Observé detenidamente los enormes gusanos que emitían la luz y estos tenían rostro casi humano aunque deforme, con una larga boca llena de enormes dientes afilados. No podía verles los ojos, en su lugar tenían unas aberturas horizontales que constantemente supuraban un liquido oscuro.

Cuando pasamos junto a ellos, comenzaron a gritar, y pronto los lamentos de los condenados en aquel lago fueron apagados por los horripilantes chillidos de los millones de gusanos. Instintivamente me llevé las manos a los oídos para mitigar un poco el ruido, y fue entonces cuando comprendí que el sonido estaba en mi mente. De pronto, los gusanos comenzaron a reventar, expidiendo el olor más nauseabundo que en mi vida había experimentado, impregnando todo de un líquido viscoso y dejando la totalidad del lago a oscuras.

Un par de palabras en un dialecto extraño bastaron para que una pequeña bola incandescente apareciera e iluminara alrededor nuestro, noté que mi guía avanzaba velozmente y con mucha mas soltura que al principio. Pronto comenzamos a tomar velocidad y cuanto pensé que nos estrellaríamos contra el techo de la cueva, atravesamos la pared como si de una ilusión se tratase.

Llegamos a un enorme salón con luces flotantes de diversos colores. Poseía vitrales semejantes a los de las catedrales, con un gran jardín y variedad de árboles cuyos frutos había probado jamás. De las paredes emanaban pequeños flujos de agua, que junto al canto de unas extrañas aves color carmesí, relajaron mi espíritu casi de inmediato. El techo tenía una abertura por donde un árbol inmenso se había hecho paso y al pie de este árbol, se encontraba un gran libro, con una lanza perforándolo.

Observé a mi guía sentado en los restos de una columna y lo miré triste y pensativo. A estas alturas no había proferido palabra alguna, pero tampoco lo había necesitado. Me acerqué lentamente y con una voz triste y algo apagada comenzó a relatarme su historia: Dijo haberse llamado Urgolino, que fue condenado por traición y encerrado en una torre junto con sus tres hijos, sin agua ni comida hasta que murieran de hambre. Relató como uno a uno fueron muriendo y el, renunciando a morir, los fue devorando hasta morir el también producto de una infección por la descomposición de la carne. desde ese tiempo, había estado en esa cueva.

Le pregunté el motivo de nuestra visita a ese hermoso salón, pero volvió a callar. Volteé de nuevo al árbol y me acerqué para revisar el libro y la lanza que lo atravesaba. Las páginas estaban en blanco y se veían viejas y amarillentas, toqué la lanza para intentar removerla y poder seguir ojeando el libro, y al instante todo se silenció. No podía escuchar las aves, ni el sonido del agua, ni siquiera podía escuchar mi respiración. La solté y de nuevo todo cobró vida. Volví a tocarla y el silencio reinó de nuevo. Observé alrededor y noté que todo se veía borroso, y que aunque las cosas se movían, lo hacían muy lentamente, como si el tiempo se detuviera cuando posaba mi mano sobre el mango de la lanza. Tiré con fuerza de la lanza y escuché una voz fuerte que dijo "Hecho está". al instante, vi tres hombres en un madero, una ráfaga de viento comenzó a pasar las hojas del libro y el tiempo pareció avanzar muy rápidamente. Vi todas las guerras y disputas desde esa época, el dolor y el sufrimiento de la raza humana a través de los siglos y pude sentir todo ese dolor y agonía. Sentí una gran desesperación que crecía con cada segundo y presa del pánico deje caer la lanza y corrí en dirección de Urgolino, pero este ya no estaba. Las luces del salón se tornaron rojas al unísono, el agua que fluía de las paredes también, y un olor a muerte impregnó el salón mientras la bandada de aves huía por el agujero del techo. El árbol se marchitó rápidamente y las hojas del libro terminaron de pasar hasta llegar al final. Una sombra con forma de mano cerró el libro de golpe y se lo llevo consigo, el suelo comenzó a agrietarse y un aire frío comenzó a entrar. Comencé a escuchar los lamentos nuevamente y caí por el suelo hasta la cueva a la que había llegado al principio. Al lado de la enorme bestia estaba Urgolino picando el hielo frenéticamente con la lanza, intentando liberarla. Los gusanos luminosos se habían regenerado pero la luz que ahora emitían era rojiza. La bestia posó sus manos sobre el hielo, haciendo fuerza para escapar, en su desesperación golpeó a Urgolino, quien cayó a varios metros llevándose consigo varios miembros de los desgraciados que yacían congelados en la superficie del lago. Intentó incorporarse nuevamente y alcanzar la lanza, pero los condenados lo sujetaban y empujaban en dirección contraria la lanza, como si tratasen de evitar a toda costa que la enorme bestia se liberara. Los 4 esclavos encadenados vinieron en auxilio de mi antiguo guía, portando enormes hachas y rebanando todo a su paso. Traté de huir lo más rápido que pude, pero un dolor agudo me detuvo y caí estrepitosamente, mientras la mitad de mi pierna escapaba en dirección contraria. Al instante el insoportable frío ingresó por mi carne expuesta y la congeló inmediatamente. El dolor era intolerable y amenazaba con hacerme desmayar. Todo era caos, todo era confuso y borroso. Por fin lograron dar con la lanza y volvieron a su empresa inicial, después de un par de minutos de observar inmóvil, presa del frío y del pánico, la bestia fue liberada, y del agujero donde estaba comenzó a brotar fuego y azufre, derritiendo rápidamente el lago y calcinando los millones de cuerpos que ahí yacían.

Lo último que recuerdo fue ver a la bestia que volaba en mi dirección, mientras reía estrepitosamente, y una cabeza más brotaba de su deforme cuello.

Ahora todo es ruinas, todo el mundo que conocía fue consumido por las llamas. Millones murieron luego de que la bestia logró escapar de su prisión de hielo, y yo, solo puedo mirar los restos de lo que una vez fue la humanidad. Todos los días la bestia sale a aniquilar a los sobrevivientes, y todos los días nuevos cuerpos son regenerados para seguir siendo torturados. Mientras yo sigo atrapado en la cuarta cabeza siendo torturado, devorado una y otra vez mientras observo el sufrimiento de los demás,  desde la cuarta cabeza que tiene la leyenda, "Aquí yace Irvin Strong, traidor de la humanidad"·